Entrevista

La inclusión más allá del aula

Por Marcela Paz Muñoz I.  ·   ·  Edición 308

Desde Fundación Mis Talentos advierten que la inclusión no consiste solo en asegurar el acceso a la educación, sino también en eliminar las barreras que dificultan el aprendizaje y la transición al trabajo.

La inclusión más allá del aula

La Educación Media Técnico-Profesional cumple un papel fundamental en la inclusión educativa. Sin embargo, el desafío no termina con el ingreso al liceo: también exige asegurar que todos puedan aprender en los talleres, desarrollar sus capacidades, completar sus prácticas y proyectar su vida después del egreso. Sobre estos desafíos, conversamos con Isabel Zúñiga, presidenta ejecutiva de Fundación Mis Talentos.

-¿Qué significa la inclusión educativa en la EMTP?

-Esta consiste en asegurar que cada estudiante pueda acceder, progresar y egresar desarrollando al máximo su potencial. En la Educación Media Técnico-Profesional esto se vuelve muy concreto: elegir la especialidad que a uno lo mueve, aprenderla de verdad en el taller y salir preparado para seguir estudiando o para trabajar. 

Esa promesa es para todos los estudiantes, y hablamos de inclusión cuando ponemos la mirada en quienes hoy la ven cumplida con menos frecuencia: jóvenes con discapacidad, con ritmos y estilos de aprendizaje diferentes, o mujeres, entre otros. 

-¿En qué se diferencian integración e inclusión educativa?

-La integración abre la puerta: asegura un lugar en el liceo para estudiantes que antes quedaban fuera, y fue un paso fundamental. La inclusión da el paso siguiente, porque además del cupo se hace cargo de las barreras del entorno. Se basa en el modelo social de la discapacidad, que recoge la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, ratificada por Chile en 2008: las barreras aparecen cuando las características de una persona se encuentran con un entorno pensado solo para algunos.

-¿Cómo se explica que el 15,36% de la matrícula EMTP participara en el PIE en 2024?

-Desde Fundación Mis Talentos vemos varias hipótesis que probablemente se potencian entre sí, y algunas tienen respaldo en la evidencia. Primero, una precisión: esa cifra considera a todos los estudiantes con necesidades educativas especiales que participan del PIE, tanto permanentes, asociadas a discapacidad, como transitorias, por ejemplo dificultades específicas de aprendizaje. 

Es una cifra alta: supera el promedio del sistema escolar completo, donde los estudiantes PIE llegaron al 13,38% de la matrícula en 2025, según el Centro de Estudios del MINEDUC. 

Segundo, los liceos técnicos atienden mayoritariamente a familias con menos recursos: de acuerdo con un estudio de la Universidad del Desarrollo con datos de 2023, su índice de vulnerabilidad promedio es de 94%, frente a 84% en la formación científico-humanista. Y pobreza y discapacidad se refuerzan mutuamente, algo que la Organización Mundial de la Salud ha documentado muy bien. Un niño con menos estímulos en sus primeros años tiene más probabilidades de presentar dificultades. 

-¿Por qué hay mayor participación en el PIE en la EMTP que en la educación científico-humanista?

-Primero, una precisión: la diferencia aparece en el promedio nacional, y cada liceo tiene su propia realidad. Según la Universidad del Desarrollo, con datos de 2023, cerca del 12% de los estudiantes de la EMTP participa en el PIE, frente al 7% en la formación científico-humanista. El mismo estudio muestra que gran parte de esa brecha se explica por dónde está presente el programa: el PIE llega al 87% de los establecimientos técnico-profesionales y al 64% de los científico-humanistas que pueden postular, y es más frecuente en liceos municipales y de Servicios Locales que en particulares subvencionados. Como los liceos técnicos atienden a más familias vulnerables, concentran también a más estudiantes que reciben apoyos. 

“La Ley 21.015 de 2017 exige a las empresas con cien o más trabajadores reservar al menos el 1% de sus puestos para personas con discapacidad o con pensión de invalidez. Para aprovechar esta oportunidad, es fundamental fortalecer el vínculo entre los liceos y las empresas”. Isabel  Zúñiga.

-¿Qué significa que más del 80% de los liceos TP cuente con PIE?

-Implica que el PIE ya es parte del paisaje de la EMTP: casi todos los liceos técnicos cuentan con un equipo de profesionales de apoyo, como educadoras diferenciales, psicólogos y fonoaudiólogos, y con recursos para sostenerlo. Para ser precisos, al descontar los colegios particulares pagados, que por normativa no pueden postular, el PIE está presente en el 87% de los establecimientos técnico-profesionales, frente al 64% de los científico-humanistas. 

-¿Cómo pueden trabajar juntos el PIE y los docentes de especialidad para incluir a todos en los talleres?

-Una herramienta clave es el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que propone adaptar la enseñanza a la diversidad de los estudiantes, tanto en la sala de clases como en los talleres. Se basa en tres principios: ofrecer distintas formas de motivar, presentar la información y demostrar lo aprendido. Para implementarlo, el docente de especialidad aporta su conocimiento del oficio y el equipo PIE, su experiencia en apoyos educativos. Ambos planifican de manera colaborativa. No hay recetas: los apoyos deben definirse con cada estudiante, conociéndolo y preguntándole qué le sirve. Ayuda distinguir dos tipos de apoyo. 

Las estrategias diversificadas benefician a todo el curso: en Electricidad, mostrar el procedimiento con un video y una ficha con imágenes paso a paso, además de la explicación oral; en cualquier taller, dejar a la vista una lista de chequeo con los pasos y las normas de seguridad; en Gastronomía, que cada estudiante elija si demuestra lo aprendido preparando la receta, explicándola en voz alta o por escrito. 

Los ajustes responden a la condición de cada alumno: para quien tiene discapacidad visual, herramientas rotuladas con alto contraste o relieve; para quien tiene discapacidad auditiva, señales visuales de alerta y un lugar desde donde vea la cara del docente; para un estudiante autista, anticipar los cambios de rutina y acordar un espacio tranquilo cuando el ruido lo sature; para quien tiene discapacidad intelectual, tareas divididas en pasos cortos y más tiempo de práctica; para quien tiene

déficit atencional, una instrucción a la vez y explicaciones breves que se alternan con práctica; y para un estudiante en silla de ruedas, un mesón a su altura y pasillos despejados.

-¿Qué barreras surgen en la formación dual, las prácticas y el ingreso al empleo?

-La formación dual, la práctica profesional y el primer empleo presentan un desafío común: asegurar que los estudiantes con discapacidad cuenten con los apoyos y ajustes necesarios. Por eso, es fundamental extender el trabajo de inclusión del liceo hacia las empresas, orientando a maestros guías y jefes de taller sobre cómo acompañarlos y adaptar los puestos de trabajo. También es importante apoyar desde el liceo la obtención de la certificación de discapacidad, necesaria para acceder a las oportunidades de la Ley de Inclusión Laboral.

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