Buenas Prácticas

Inclusión en la educación TP: Acompañar cada trayectoria hasta la vida adulta

Por Marcela Paz Muñoz I.  ·   ·  Edición 308

En el Instituto Politécnico María Auxiliadora de Puerto Montt, la inclusión se fortalece mediante el trabajo colaborativo entre docentes y profesionales del PIE. Su director, Manuel Urrutia, explica cómo promueven la autonomía y las oportunidades educativas y laborales de sus estudiantes.

Inclusión en la educación TP: Acompañar cada trayectoria hasta la vida adulta

La inclusión en la EMTP plantea un desafío particular: no basta con abrir las puertas del establecimiento, sino que es necesario generar condiciones para que cada estudiante pueda aprender, desarrollar competencias y proyectar una trayectoria hacia la vida adulta. Para el director del establecimiento –que forma parte de la RED Irarrázaval–, Manuel Urrutia, el propósito “es que la diversidad sea abordada como una realidad que interpela las prácticas pedagógicas, el trabajo colaborativo y las oportunidades que la escuela es capaz de ofrecer”.

-Ustedes pusieron el sello de inclusión en el proyecto educativo mediante un proceso participativo. ¿Cómo evitaron que quedara solo en lo escrito, y qué cambió realmente en las salas y en los talleres?

-Uno de los cambios más significativos ha sido fortalecer el trabajo colaborativo entre los profesionales del Programa de Integración Escolar (PIE) y los docentes de nuestras cuatro especialidades técnico-profesionales: Gastronomía, Atención de Párvulos, Administración y Dibujo Técnico.

Inclusión en la educación TP: Acompañar cada trayectoria hasta la vida adultaEste trabajo conjunto se desarrolla especialmente en los talleres de especialidad, donde buscamos identificar y potenciar las habilidades y capacidades de cada estudiante, generando distintas oportunidades para que puedan avanzar en sus aprendizajes y desarrollar las competencias propias de su especialidad. El propósito es que puedan proyectarse tanto hacia la educación superior como hacia el mundo laboral.

Con las estudiantes que presentan necesidades educativas especiales permanentes hemos profundizado este trabajo mediante un Plan de Transición a la Vida Adulta, que contempla experiencias prácticas y un acompañamiento centrado en la persona. Buscamos fortalecer especialmente su autonomía, autodeterminación, participación social y proyección ocupacional. De esta manera, la inclusión no queda solo en una declaración del proyecto educativo: se concreta en cómo enseñamos, cómo trabajamos colaborativamente y, sobre todo, en cómo acompañamos a cada estudiante para que desarrolle al máximo sus capacidades y construya una trayectoria hacia la vida adulta con mayores niveles de autonomía e inclusión sociolaboral.

-¿Encontraron resistencias en su comunidad? ¿Cómo las abordaron?

-Más que resistencia, encontramos desconocimiento, temores y, en muchos casos, la sensación de no contar con todas las herramientas necesarias. Es importante reconocerlo, porque difícilmente podemos sentirnos preparados para responder a realidades que no hemos tenido la oportunidad de conocer, comprender y trabajar suficientemente.

Frente a eso, decidimos asumir el desafío como comunidad. Hemos instalado la inclusión como un tema permanente, generando espacios de formación y reflexión, y fortaleciendo especialmente el trabajo colaborativo entre el PIE y los docentes. 

También existe un desafío importante para las universidades y la educación superior: formar docentes y profesionales preparados para trabajar en contextos diversos. La inclusión no debería ser un contenido complementario dentro de la formación profesional, sino una dimensión transversal. 

En nuestro caso, este compromiso se relaciona profundamente con nuestra identidad salesiana. La salesianidad nos invita a mirar a cada joven desde su dignidad, sus capacidades y sus posibilidades de desarrollo, poniendo especial atención en quienes más necesitan ser acogidos y acompañados. 

-De acuerdo con los antecedentes (CILED, 2024), las especialidades más masculinizadas, como la industrial, son las de mejor empleo e ingresos, y los egresados hombres ganan cerca de 20% más que las mujeres. ¿Cómo influye eso en la elección de especialidad y en las expectativas laborales de sus estudiantes?

-Las brechas de género que existen en la educación, el mundo laboral y nuestra sociedad son mucho más profundas de lo que un colegio puede resolver por sí solo. En nuestro caso, además, somos un colegio femenino, por lo que conocemos de cerca el impacto que estos sesgos pueden tener en las oportunidades, las decisiones y las expectativas de futuro de nuestras estudiantes. Son brechas instaladas culturalmente que también se expresan en las oportunidades, las remuneraciones y la valoración social de determinadas ocupaciones.

“Las políticas de inclusión deben reconocer la realidad de los establecimientos y garantizar los profesionales, recursos y condiciones necesarios para hacer efectivo este derecho”. Manuel Urrutia.

-¿Cómo adaptan la enseñanza y la evaluación en las especialidades para estudiantes con NEE?

-Esta es una realidad que afecta profundamente el trabajo por la diversidad y la inclusión en la Educación Media Técnico-Profesional y que también tiene consecuencias en la educación superior. Existe una deuda importante respecto de comprender que la autonomía debe ser una finalidad fundamental de la educación de todas las personas.

En nuestro colegio, la enseñanza y la evaluación de las estudiantes con necesidades educativas especiales se abordan desde un trabajo colaborativo entre los docentes de las especialidades y los profesionales del PIE. Estos equipos, conociendo las características, intereses y potencialidades de cada estudiante, buscan diversificar las estrategias de enseñanza, adaptar las experiencias de aprendizaje y generar distintas formas de demostrar los desempeños alcanzados. En los talleres de especialidad esto es especialmente relevante, porque permite observar y desarrollar competencias que no siempre se expresan de la misma manera en una evaluación tradicional.

Sin embargo, hay un desafío que excede lo que podemos resolver como colegio. Hoy no existe en la Educación Media Técnico-Profesional un sistema de certificación intermedia que permita reconocer oficialmente las competencias y desempeños que una estudiante ha desarrollado cuando no alcanza la titulación completa de una especialidad. Podemos acompañar el proceso, adaptar la enseñanza, evaluar y evidenciar sus aprendizajes, pero ese esfuerzo no necesariamente se traduce en una certificación formal reconocida posteriormente por el mundo laboral o por otras instituciones educativas.

Por eso, desde hace varios años hemos planteado, junto a otros líderes educativos y equipos docentes, la necesidad de que el Ministerio de Educación avance hacia un sistema que permita certificar competencias intermedias, especialmente para estudiantes con necesidades educativas especiales permanentes. 

Inclusión en la educación TP: Acompañar cada trayectoria hasta la vida adulta
En el Mes de la Inclusión, estudiantes del Programa de Integración de la Escuela Argentina visitaron el Patio Vivo Cultivable del IPMA, donde participaron en un taller de cocina sustentable dirigido por estudiantes de Gastronomía.

Para una estudiante que no necesariamente alcanzará la titulación completa de una especialidad, la educación técnico-profesional igualmente puede abrir oportunidades concretas. Si pudiéramos certificar formalmente determinados desempeños, podría demostrar qué sabe hacer, acceder a oportunidades laborales, continuar desarrollándose y eventualmente avanzar en su trayectoria formativa.

-¿Cómo se organiza en su colegio el trabajo entre educadoras diferenciales y docentes de especialidad? ¿Qué obstáculos normativos enfrentan?

-En nuestro establecimiento hemos desarrollado un trabajo colaborativo permanente entre el Programa de Integración Escolar y los docentes de las especialidades técnico-profesionales durante los dos años de formación diferenciada. Buscamos que el acompañamiento no quede separado de la formación técnica, sino que los profesionales del PIE y los docentes puedan planificar y desarrollar conjuntamente estrategias para que las estudiantes avancen en sus aprendizajes y en las competencias propias de cada especialidad.

Este trabajo tiene una focalización especial en las alumnas con necesidades educativas especiales permanentes, para quienes hemos desarrollado un Plan de Transición a la Vida Adulta. Este incorpora experiencias orientadas al desarrollo de habilidades prácticas, tanto para la inserción en el mundo del trabajo como para desenvolverse con mayores niveles de autonomía en actividades de la vida cotidiana, e incluye la inserción en un centro de práctica adecuado a cada estudiante. 

La idea es que el acompañamiento del PIE dialogue directamente con las oportunidades que ofrecen los talleres y con las competencias que las estudiantes necesitan desarrollar para proyectarse hacia la vida adulta.

Sin embargo, enfrentamos obstáculos normativos importantes. Uno de los principales tiene relación con la cantidad de estudiantes que el sistema permite acompañar y con las condiciones asociadas a las subvenciones y los recursos disponibles. En nuestra realidad, hay cursos en los que podemos tener entre ocho y diez estudiantes con necesidades educativas especiales permanentes. Con la normativa y los recursos actuales resulta muy difícil entregar a cada una el nivel de apoyo que requiere.

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