Menos estudiantes, nuevos desafíos: cómo la baja de natalidad está impactando a los colegios

 ·  Por Marcela Paz Muñoz I.

En conversación con el podcast Educar Conectados, Bernardita Illanes, investigadora legal de Acción Educar, advierte sobre las presiones que enfrentan los establecimientos ante la disminución de la matrícula. Financiamiento, planificación territorial y continuidad educativa son parte de los desafíos que identifica.

Menos estudiantes, nuevos desafíos: cómo la baja de natalidad está impactando a los colegios

La disminución de los nacimientos está llegando a las salas de clases y plantea una pregunta para el sistema educativo: cómo adaptarse a generaciones menos numerosas sin afectar los aprendizajes ni la continuidad de la educación. Para Bernardita Illanes, investigadora legal de Acción Educar, esta transformación requiere anticipación, ajustes al financiamiento y una planificación que considere las diferencias entre territorios.

En conversación con Marcela Muñoz, directora de Revista Educar y conductora del pódcast Educar Conectados, la investigadora explicó que los efectos ya se observan en los primeros niveles escolares. Según los cálculos de Acción Educar que presentó durante la entrevista, desde 2015 la matrícula del conjunto de niveles comprendidos entre prekínder y cuarto básico ha disminuido en cerca de 203.000 estudiantes. La cifra corresponde a ese tramo educativo, no a la totalidad del sistema escolar.

La institución también proyecta que el tamaño promedio de un curso de primero básico podría pasar de 25 a 20 estudiantes hacia 2030. Se trata de una estimación presentada por la investigadora, no de una cantidad que describa por igual la situación de todos los establecimientos.

Menos matrícula, gastos que no bajan al mismo ritmo

Uno de los principales desafíos es el financiamiento. Illanes señaló que, de acuerdo con el análisis de Acción Educar sobre las rendiciones de cuentas de establecimientos que reciben subvención, cerca del 83 % de sus ingresos está asociado a la matrícula y, más específicamente, a la asistencia. Al mismo tiempo, indicó que alrededor del 90 % de sus costos corresponde a gastos fijos.

La tensión, explicó, radica en que una reducción de estudiantes puede disminuir los ingresos sin que los colegios logren ajustar sus gastos con igual rapidez. Mantener la infraestructura, los servicios y el funcionamiento del establecimiento sigue demandando recursos, aunque haya menos alumnos en las salas. A juicio de la investigadora, ese desajuste puede presionar las condiciones en que se entrega la educación.

Frente a este escenario, Acción Educar propone conservar el vínculo del financiamiento con la asistencia e incorporar, en el corto plazo, un aumento de la subvención para enfrentar generaciones más pequeñas. Según Illanes, en una etapa posterior ese apoyo debería considerar límites temporales, territoriales y asociados a la calidad.

Planificar los cambios y proteger la continuidad educativa

La adaptación no se limita a los recursos. La investigadora planteó que el sistema también deberá evaluar procesos de reorganización, como la fusión de cursos o establecimientos y, eventualmente, el cierre de algunos colegios. No los presentó como un destino inevitable para todas las comunidades, sino como escenarios que deben abordarse con planificación.

“Ese cierre no puede ser abrupto porque eso impacta directamente en la calidad de la educación y en la continuidad de los servicios educativos”, sostuvo. La preocupación es evitar que los ajustes interrumpan las trayectorias escolares o afecten de manera repentina a estudiantes, familias y trabajadores.

En el caso de los docentes, Illanes subrayó la necesidad de una mirada territorial. Según explicó, existen lugares con déficit de profesores y otros con excedentes, por lo que una menor matrícula no resuelve automáticamente los desequilibrios. Entre las alternativas mencionó incentivos para que los profesionales lleguen a las zonas donde se necesitan y una planificación que evite términos abruptos de las relaciones laborales.

Una transformación que también alcanzaría a la educación superior

El cambio demográfico no terminaría en la etapa escolar. De acuerdo con las proyecciones de Acción Educar expuestas en la entrevista, hacia 2035 comenzaría a disminuir la población de entre 17 y 24 años, reduciendo el universo potencial de jóvenes que podrían ingresar a universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica.

Para Illanes, esto exige revisar con anticipación cómo adaptar la oferta educativa. Las generaciones que llegarán a esos niveles ya nacieron, por lo que las medidas destinadas a aumentar los nacimientos no modificarían el tamaño de esas cohortes.

Reinvertir para mejorar los aprendizajes

Pese a los desafíos, la investigadora considera que el escenario también abre una oportunidad: orientar la adaptación del sistema hacia una mejor educación. Su propuesta es que los recursos que eventualmente se liberen por la disminución de la matrícula permanezcan en el ámbito educativo y se reinviertan con foco en los aprendizajes.

“No podemos ahorrar en educación y esos recursos se tienen que volver a invertir”, afirmó. Desde esa perspectiva, la respuesta no consiste solo en reducir la estructura para atender a menos estudiantes, sino en planificar cómo sostener la oferta y fortalecer su calidad, desde la educación parvularia hasta la superior.

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