El valor del saber hacer en la era de la inteligencia artificial

 ·  Por FELIPE LAGOS

La capacidad de interpretar y cuestionar las recomendaciones de la IA adquiere creciente importancia en las ocupaciones técnicas. Especialistas plantean reforzar el aprendizaje práctico, flexibilizar los currículos y preparar a los docentes para nuevas exigencias.

El valor del saber hacer en la era de la inteligencia artificial

¿Cómo debe cambiar la formación de un técnico cuando la inteligencia artificial puede diagnosticar problemas, analizar información y recomendar soluciones?

La incorporación de estas herramientas está transformando la manera de realizar distintas tareas técnicas, lo que plantea nuevas exigencias para quienes se preparan para ejercerlas. El reto para la formación TP no es solo enseñar a utilizarlas, también se debe reforzar el conocimiento del oficio, el pensamiento crítico y la capacidad de interpretar, cuestionar y validar sus resultados.

“Para juzgar si una recomendación de la IA tiene sentido, un técnico necesita entender el sistema, el material o el proceso que hay detrás”, afirma Ricardo Espinoza, jefe de Educación y Formación Profesional del Centro de Habilidades de la OCDE.

Tomemos como ejemplo a un estudiante agrícola de Vilcún, Región de La Araucanía. Un sistema de IA puede brindar información sobre el riesgo de una helada, pero para decidir qué hacer necesita conocer las condiciones del sector, las necesidades del cultivo y el estado de desarrollo de la planta.

Claudia Saldía, profesora TP del Liceo Agrícola Cruz del Sur y ganadora del reconocimiento Profe TP 2025, explica que esa base se construye en terreno, observando y practicando. “Sin esa comprensión previa, podría seguir una recomendación sin entender sus implicancias”, advierte.

La formación TP tiene una fortaleza particular en este escenario. Jorge Menéndez, secretario del directorio de la Fundación Aequalis y rector del CFT ENAC, señala que buena parte de sus aprendizajes se comprueban en desempeños observables, como un procedimiento bien ejecutado, un producto terminado o una tarea realizada en condiciones concretas. “La educación TP basa su formación en el saber hacer y el saber análogo”, precisa. Esto permite distinguir entre una respuesta bien formulada y una competencia realmente adquirida.

Volviendo al ejemplo de Vilcún, Saldía cuenta que en una actividad de poda, por ejemplo, no solo observa el corte que realiza el estudiante agrícola, también le pide explicar por qué escogió esa rama y ese procedimiento. “Me interesa que pueda comprender y justificar lo que hace, incluso cuando cuenta con apoyo tecnológico”, dice.

Currículos a otra velocidad

Pero las competencias que deben adquirir los futuros técnicos también están cambiando, y los programas formativos necesitan seguirles el ritmo. Según el reciente reporte de la OCDE “Desarrollar educación y capacitación vocacional con inteligencia artificial”, los procesos para desarrollar y actualizar currículos y cualificaciones requieren mucho tiempo y recursos, lo que dificulta responder a las nuevas necesidades del mundo laboral. “A ese ritmo, existe un riesgo real de que el contenido esté desactualizado cuando llega a los estudiantes”, previene Ricardo Espinoza, que es uno de los autores del estudio.

Para acortar la brecha, el jefe de Educación y Formación Profesional del Centro de Habilidades de la OCDE propone avanzar hacia programas más flexibles, que permitan actualizar módulos específicos o incorporar nuevas competencias sin tener que rediseñar una carrera completa. También destaca las microcredenciales, que certifican aprendizajes puntuales y permiten responder a nuevas demandas laborales. Al mismo tiempo, plantea reforzar habilidades que mantienen su valor aunque cambie la tecnología, como la adaptabilidad, la resolución de problemas, la colaboración y el uso responsable de herramientas digitales.

El reporte también muestra cómo la propia IA puede contribuir a actualizar la formación TP. En Inglaterra se utilizan estas herramientas para analizar ofertas de empleo y detectar nuevas competencias que todavía no están incorporadas en los programas formativos. En Países Bajos, en tanto, ayudan a redactar cualificaciones profesionales e identificar contenidos repetidos o vacíos en los módulos de enseñanza. Y en Suiza se emplean modelos de IA adaptados a ocupaciones del sector tecnológico para diseñar módulos de formación y elaborar preguntas de examen.

Sin embargo, la OCDE subraya que estas aplicaciones son en su mayoría experimentales y que pocas se han integrado a gran escala en los sistemas educativos.

La respuesta chilena

En Chile, la IA comienza a incorporarse a distintos procesos de la educación superior técnico-profesional. Jorge Menéndez, secretario del directorio de la Fundación Aequalis y rector del CFT ENAC, señala que el cambio ya es especialmente visible en las ocupaciones de servicios y administración, áreas que concentran una parte importante de la oferta formativa TP. Por ello, las instituciones han sido rápidamente “interpeladas” en sus procesos de definición de oferta y diseño curricular, sostiene.

Las instituciones también están recurriendo a la propia IA para adaptar sus procesos formativos. Según Menéndez, varias de ellas están utilizando IA para anticipar necesidades de formación y tendencias de innovación, apoyar el diseño de programas educativos, identificar estudiantes en riesgo de deserción, acompañar sus trayectorias formativas y desarrollar simulaciones para el aprendizaje. “Esta es una tendencia en crecimiento de las instituciones TP”, afirma.

El experto destaca que la vinculación permanente de los CFT e IP con empresas y otros actores de su entorno facilita la actualización de los programas.

En todo caso, advierte que “la accesibilidad a la herramienta no garantiza el uso efectivo por parte de las personas; en eso, la educación TP tiene un rol formador”.

A esta presión se suma una demanda creciente por formación y alfabetización digital, tanto de las organizaciones como de las personas. Menéndez enfatiza que los efectos de la IA sobre la productividad laboral todavía son inciertos, mientras sus avances obligan a revisar constantemente los programas formativos para responder a las nuevas exigencias del mundo del trabajo.

Además, aduce que la incorporación de estas herramientas debe preservar el criterio y la formación integral de los estudiantes. “Hay dos límites a la IA que no se pueden traspasar: el pensamiento crítico de la comunidad educativa y el ser humano como centro del proceso formativo”, concluye.

Docentes que también deben aprender

Estos cambios en la formación TP también involucran a quienes enseñan. Espinoza repara en que la adopción de IA entre centros y docentes todavía es limitada y a menudo informal, y que las empresas suelen incorporar nuevas tecnologías antes que los centros de estudio. Para cerrar esa distancia, los profesores necesitan capacitación, tiempo y orientaciones claras, además de mantener un contacto permanente con los cambios tecnológicos de sus especialidades.

El especialista de la OCDE recalca en este punto la importancia de involucrar a los profesores en la implementación y evaluación del uso de IA en la formación TP. Y menciona que las experiencias internacionales más prometedoras combinan la experimentación tecnológica con la validación humana y responsabilidades institucionales claras.

Saldía conoce de cerca esta realidad. La profesora del Liceo Agrícola Cruz del Sur acota que compatibilizar la docencia con la actualización profesional exige tiempo y recursos. Algunas de sus especializaciones las ha financiado personalmente y otras mediante becas. Por eso, pide más oportunidades de capacitación, apoyo económico y tiempo protegido, especialmente para docentes rurales.

“La voluntad de formarse debe ir acompañada de condiciones que permitan hacerlo sin que todo dependa del tiempo personal de cada profesor”, puntualiza.

Destacados

“La IA comienza a transformar las competencias que exige el mundo laboral y plantea nuevos desafíos a la educación TP, desde el aprendizaje práctico hasta la actualización de los programas y la preparación docente”.

“Para juzgar si una recomendación de la IA tiene sentido, un técnico necesita entender el sistema, el material o el proceso que hay detrás”. — Ricardo Espinoza, jefe de Educación y Formación Profesional del Centro de Habilidades de la OCDE.

“Recibir siempre una solución inmediata puede reducir las oportunidades de ejercitar la perseverancia y aprender a manejar la frustración”. — Claudia Saldía, profesora TP del Liceo Agrícola Cruz del Sur.

“Hay dos límites a la IA que no se pueden traspasar: el pensamiento crítico de la comunidad educativa y el ser humano como centro del proceso formativo”. — Jorge Menéndez, secretario del directorio de la Fundación Aequalis.

Fuente: Diario el Mercurio, valor País, 23 de octubre 2026

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