Tres claves para mejorar la comunicación con los hijos
“Lo cortés no quita lo valiente” es una frase para recordar siempre al momento de hablar con los hijos. Tratarlos con respeto, amor, sin gritos ni descalificaciones, es el primer paso para lograr una buena comunicación con ellos. Después vienen los temas: que sean diversos y no solo centrados en deberes.
- Desarrolla habilidades específicas para conversar más y mejor con tus hijos
- Seguridad en ti mismo(a): Tu eres el padre o madre, lo estás haciendo bien; eres maduro(a), no tienes actitudes de niño con pataleta, ni amurrado. Eres el adulto de la relación.
- Claridad en los valores que quieres fomentar en la familia: sentido de pertenencia, generosidad, alegría, empatía. No des grandes batallas por cosas que no formen parte de tu mapa valórico.
- Honestidad: para revisar si cuando falla la comunicación con tus hijos es porque estás ausente, hiperconectado(a) al trabajo o a las redes, o porque no te has dado el tiempo para encantarte con su mundo.
- Analiza qué tipo de padre o madre que eres e intenta superarte
Eres autoritario: si utilizas órdenes, gritos y amenazas para obligar a tus hijos hacer algo. Temes perder el control y tienes poco en cuenta sus necesidades.
Eres culposo: si utilizas el lenguaje en negativo, infravalorando a tus hijos. “Eres desordenado”, “Yo sabía que te iba a ir mal”…. Convierten a los hijos en personas inseguras.
Eres indiferente: si haces comentarios del tipo “No es para tanto, es solo tu primer pololeo” o “Qué importa, si te va mal, estudia otra cosa”, no tranquilizan ni contiene a los hijos, solo les transmiten que ellos importan poco.
Eres sermonero: si empiezas todas tus frases con la palabra ”deberías”. Si pretendes que tu hijo recapacite a través del sermón, “deberías” cambiar de táctica.
Fuente: K. Steede, Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos.
- Adapta tu modo de comunicarte a medida que crecen
- A los más pequeños, dedícales tiempo. Háblales incluso antes de que ellos lo hagan
- A medida que crecen, intenta compartir experiencias, deporte, aficiones, con ellos. De esa manera fluirá el diálogo.
- Recuerda que entre los 7 y 12 años se vive la “edad de oro” de la infancia: puedes hablar mucho con tus hijos.
- Llegada la adolescencia, que no te asuste su ensimismamiento, silencio o malhumor. Las emociones del adolescente son intensas, variables y no vale la pena sobrerreaccionar frente a ellas.
- Un consejo que va también para la vida en pareja: ¡no hay que discutir en los momentos de crisis! Más vale esperar la calma, recuperar la unidad a través de una actividad juntos ir al supermercado, lavar el auto, etc…, y recién entonces hablar.