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Regístrate y accede a la revistaLa necesidad de actualizar periódicamente el currículo de la Formación Técnico Profesional (FTP) responde a las transformaciones que atraviesan las sociedades contemporáneas en términos económicos, tecnológicos, ecológicos y a las nuevas competencias que se requieren, lo que modifica no solo el contenido del saber técnico, sino también la manera en que se conciben las trayectorias formativas y laborales.
Silvana Zeballos, Directora de Capacitación de Grupo Educar.
En Chile, el proceso de actualización de las Bases Curriculares de la Formación Diferenciada Técnico-Profesional -FDTP fue iniciado en 2019 por el Ministerio de Educación, comenzando con una etapa de diagnóstico y levantamiento de información. A esto le siguió la elaboración de una Propuesta la cual se sometió a validaciones y ajustes. Actualmente, este proceso se encuentra en el periodo de consulta pública, para después presentarlo a Consejo Nacional de Educación -CNED (Junio 2025)
Una de las transformaciones más significativas que plantea la actualización curricular es la redefinición del propósito formativo. Se abandona una visión centrada exclusivamente en la inserción laboral inmediata, para adoptar una mirada integral que articula la preparación técnica con el desarrollo personal, ciudadano y formativo de los estudiantes. El nuevo propósito reconoce la diversidad de trayectorias posibles y promueve el desarrollo de capacidades técnicas, humanas y socioemocionales, en diálogo con los intereses personales y los contextos territoriales. La Formación Técnico Profesional se concibe así como un espacio para construir proyectos de vida significativos, con autonomía y sentido de pertenencia.
Junto con este cambio de propósito, se actualiza también el enfoque curricular. Se transita desde un modelo centrado en competencias laborales —entendidas como conocimientos, habilidades y destrezas requeridas para desempeñar funciones productivas según estándares del sector (Ley 20.267, 2008)— hacia un modelo orientado al desarrollo de capacidades productivas. Estas incluyen, además de los saberes técnicos, recursos sociales, culturales y tecnológicos, así como modalidades de trabajo que permiten a las personas progresar en sus trayectorias y participar activamente en el mundo del trabajo (Wheelahan & Moodie, 2016). Este enfoque se articula con el desarrollo de las llamadas habilidades del siglo XXI, las cuales abarcan competencias cognitivas, interpersonales, digitales y ciudadanas, necesarias para adaptarse, colaborar e innovar en entornos dinámicos (UNESCO).
Otro eje central de la propuesta es la renovación de la estructura curricular, la cual se vuelve más amplia y flexible. Esta transformación implica dejar atrás el modelo basado únicamente en especialidades y menciones, para avanzar hacia una estructura que incorpora módulos obligatorios y electivos distribuidos en cinco ámbitos de formación: Técnico y Tecnológico, Producción y Medio Ambiente, Planes y Proyectos Personales, Vinculación con el Entorno y Emprendimiento, y Especialización.
La arquitectura curricular también ha sido reconfigurada. Ahora, los Objetivos de Aprendizaje (OA) integran conocimientos, habilidades y actitudes en una única dimensión, articulando los saberes técnicos con las dimensiones genéricas asociadas al desarrollo personal, social y ciudadano. Esta unificación promueve una experiencia formativa más coherente y facilita una implementación curricular más significativa desde el aula.
La propuesta introduce además mecanismos de flexibilidad y electividad que otorgan mayor autonomía a los establecimientos educacionales y a los estudiantes. Se distinguen dos ámbitos: uno obligatorio, compuesto por los módulos técnico-tecnológicos propios de cada especialidad; y otro electivo, en el que los estudiantes pueden profundizar según sus intereses y contexto. Existen dos modelos posibles: el modelo 70/30, en que el 30% de las horas corresponde a módulos electivos (con posibilidad de cursar hasta tres módulos por nivel); y el modelo 80/20, que permite elegir dos módulos electivos por nivel. En ambos casos, los establecimientos deben ofrecer una oferta diversa cada año, promoviendo la exploración, la especialización y la pertinencia territorial.
Esta nueva actualización curricular representa un avance sustantivo hacia una formación más pertinente, flexible y centrada en los estudiantes, pero es necesario considerar la posibilidad de incentivar las trayectorias formativas y laborales con las necesidades productivas y de desarrollo del país. Esta doble exigencia requiere una implementación cuidadosa y sostenida de todos los actores del sistema. Para ello, será indispensable fortalecer los procesos de actualización docente y brindar asesoría pedagógica y curricular a los establecimientos, para contribuir efectivamente al desarrollo integral de las personas y al progreso sostenible de los territorios.
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